Entrada de la virgen en la ciudad

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LA LOA

La Loa de recibimiento (o, por extensión, simplemente La Loa) es la composición para coro, solistas y orquesta sinfónica que se interpreta a la llegada de la Virgen de Las Nieves a la plaza de España, momento culmen de las Fiestas Lustrales.

Desde los orígenes de la Bajada existe constancia de la interpretación de cantos cultos de salutación y alabanza dedicados a la imagen en cada una de sus visitas. La actual es obra del compositor Alejandro Henríquez Brito con letra de Antonio Rodríguez López; una pieza que conserva intacto el perfume decimonónico y tardorromántico de su estreno en 1880.

La Loa mantiene incluso su escenificación, un tanto extemporánea, con las cantantes solistas vestidas de ángeles a la antigua usanza, y un templete clásico montado para la ocasión delante de la fuente renacentista de la plaza, ante el cual se sitúa la orquesta, formada expresamente en cada cita lustral. El coro saluda a la Virgen y los ángeles dirigen sus alabanzas a la Madre: «Purísima María, […] recibe de este pueblo / en su cariño inmenso, / cual perfumado incienso / la fe del corazón».

Luego pide al templo que acoja en su interior a la venerada imagen: «Sacro Templo, / Tabor misterioso, / entreabre tus puertas, / tu roca sea altar». Como apuntó el periodista palmero Luis Ortega Abraham, en el mismo instante en que suenan los primeros compases de La Loa, todos los festejos de las dos semanas precedentes quedan reducidos a la categoría de simple prólogo, puesto que la auténtica fiesta es la presencia de la Virgen en la Ciudad.

ENTRADA TRIUNFAL

Y llegó el gran día. Si la jornada del sábado está impregnada de un aroma popular, el carácter de solemnidad envuelve el Domingo Grande desde antes del amanecer. A las 6 de la mañana Santa Cruz de La Palma comienza a desperezarse con el toque de diana de la banda de cornetas y tambores que recorre las calles de la Ciudad.

A partir de las 7 se celebran sucesivas eucaristías en La Encarnación y muy pronto el templo se llena de fieles que no quieren dejar de contemplar unas horas más a la Virgen de Las Nieves entre los muros de su iglesia. Mientras el templo bulle, la Ciudad se prepara: delante del ayuntamiento se conforma una nutrida comitiva compuesta por representantes de las distintas administraciones públicas y de las Fuerzas Armadas. A las 8:30 esta procesión cívica, portando el Pedón de la Isla -la bandera que simboliza la incorporación de La Palma a la Corona de Castilla en 1492-, parte hacia la Encarnación.

De este modo, la sociedad civil sale a recibir a la Virgen de Las Nieves para acompañarla en su entrada a la Ciudad. A las 9:30 la imagen abandona del templo de La Encarnación y en procesión solemne desciende hasta el fondo del barranco, donde asistimos al esperado Diálogo del Castillo y la Nave.

La Virgen entra luego en una calle Real engalanada como pocas veces: casas recién pintadas, balcones enramados y adornados con ricas telas, banderas, y una lluvia de pétalos y flores que desde ventanas y balcones acompaña a la venerada imagen en su recorrido hasta la plaza de España, donde la multitud ha rato que se agolpa a fin de escuchar la emotiva Loa de recibimiento.

A la entrada de la Virgen en el templo de El Salvador se celebra una misa pontifical, con el aliciente añadido de poder escuchar la hermosa Misa en mi bemol a modo de bercuse¸ obra para dos coros y orquesta original de Luis Cobiella.

A partir de este momento comienzan días de intensa y ferviente actividad religiosa, que se prolongarán en tanto dure la estancia de la Virgen en la Ciudad.